Señor Dios nuestro, que has dado tu paz a la humanidad, has enviado el don del Espíritu Santo a Tus discípulos y apóstoles y en tu bondad abriste sus labios con las lenguas de fuego, abre también los labios de nosotros pecadores y enséñanos cómo y por qué debemos orar. Sé Tú el guardián de nuestra vida, calma la tempestad del cielo, haznos conocer por dónde debemos caminar. Renueva un espíritu recto en nosotros y con Tu espíritu conducente estabiliza nuestra mente inestable, a fin de que guiados diariamente por Tu Espíritu bondadoso a cuanto sea para nuestro beneficio, seamos capaces de cumplir Tus mandamientos y de recordar siempre Tu gloriosa presencia indagadora de los actos de los hombres. Fortalécenos para que no seamos atrapados por los deleites corruptores del mundo, apeteciendo en cambio el disfrute de los futuros tesoros. Porque eres bendito y alabado por todos Tus santos, por los siglos de los siglos. Amén.
Una oración de San Basilio Magno, de la tercera hora
1 Pedro 4, 12-19
Apoc 18 y 19,1-5
Juan 16,17-24
Juan 20,11-18
2 Cor 1,3-7
Hebreos 13, 6
Juan 11, 17 – 27
1 Juan 4,18-21
Marcos 11, 20 – 25
Romanos 8, 28 – 39
Apoc 2,8-11
Efesios 4, 25 – 32
Sant 1,19-20
Mateo 5,21-26
Hebreos 10, 19 – 39
1 Juan 5, 1 – 11
Rom 5,1-11