Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica

Iglesia

Iglesia Ortodoxa

El adjetivo "ortodoxa" indica que predica la opinión o doctrina (doxa del griego δόξα) correcta (orthós del griego ὀρθός). El adjetivo "oriental" obedece a su ubicación geográfica primitiva, relacionada con la división del antiguo Imperio Romano en Oriental y Occidental. El adjetivo "apostólica" indica que fue constituida por los Apóstoles o los sucesores directos de éstos, en cadena descendente ininterrumpida y conserva inalterable la fe de los Apóstoles. El apelativo "católica" indica que tiene vocación de evangelizar a todos los seres humanos, sin distinción de origen, condición social, raza o sexo; se le atribuye también el sentido que predica todas las verdades contenidas en las Sagradas Escrituras sin excluir a ninguna de ellas.

1.1. LA CONTINUIDAD EN LA IGLESIA ORTODOXA Y EL ECUMENISMO.

La Iglesia Ortodoxa ha conservado la continuidad ininterrumpida, histórica y doctrinaria de la primitiva Iglesia de Cristo, y la tradición sin adulteración alguna de la Iglesia Una Santa Católica y Apostólica indivisa; así también, la libertad cristiana que la caracteriza, a través de la cual se asegura el mantenimiento de la línea recta del pensamiento, de la conciencia y de la fe ortodoxa.
Está lejos de toda duda que, después de un largo período de estancamiento, a causa de las circunstancias excepcionalmente adversas en las cuales se encontraron los pueblos ortodoxos durante siglos, ya a partir de los comienzos del siglo XVIII se inició un período de una fuerte tendencia renovadora en el campo eclesiástico, teológico y espiritual en general. El movimiento teológico que comenzó desde entonces, a pesar de su avance lento, muestra tendencias hacia un desarrollo fuerte y consciente de la teología ortodoxa, mientras la aparición de importantes personalidades eclesiásticas, en todas las jurisdicciones Ortodoxas, revela su esfuerzo consciente y su responsable representatividad ante la historia.
La iniciativa asumida por el Patriarcado Ecuménico a partir del año 1920, para la creación de lo que hoy llamamos "movimiento ecuménico", y el acuerdo teológico logrado en el Primer Congreso Teológico Panortodoxo de Atenas, a través del cuál se subrayó la necesidad de depurar la ortodoxia de todos aquellos elementos que inconscientemente se introdujeron en la misma durante el largo periodo de opresión de los invasores, muestran las renovadas tendencias vitales hacia un desarrollo más acentuado de la teología ortodoxa viva. Por otra parte el énfasis marcado por este acuerdo teológico, sobre la necesidad de volver a la teología patrística, sin que ello signifique una dificultad de adaptación de la teología ortodoxa moderna a las recientes tendencias teológicas que, tanto la Iglesia como la Teología Ortodoxas son capaces de contemplar, muestra claramente la gran vitalidad de la ortodoxia y sus posibilidades de adaptación a la evolución contemporánea y futura de las tendencias y orientaciones, siempre bajo la óptica de su auténtica tradición ortodoxa.

1.2. LA UNIDAD DE LA ORTODOXIA ÚNICA.

Consideramos necesario, para brindar una correcta información, enunciar algunas consideraciones sobre la unidad de la Ortodoxia Única, extraídas de un trabajo prolijo del gran teólogo ortodoxo contemporáneo, el Metropolitano de Éfeso Crisóstomo Constantinidis.
Elementos que unen la Ortodoxia Única.
Los principales elementos, que ponen de manifiesto la unidad teológica y eclesial de la Iglesia Ortodoxa que se extienden por todas las ramas conocidas de la fe, del rito, de la administración y de las vivencias particulares de la ortodoxia, son los siguientes:
1) La unidad en la fe se manifiesta en la expresión históricamente indudable, teológicamente uniforme, en la aceptación de los mismos dogmas y de la misma doctrina central de nuestra Iglesia Una e Indivisible, que sostiene y acepta “los Santos y Ecuménicos Siete Concilios reunidos para custodiar los dogmas auténticos y dispusieron sostener y guardar los cánones emitidos por ellos, y los santos decretos que fueron dictados por nuestros santos Padres, en diferentes oportunidades y tiempos, aceptando a los que ellos aceptan y rechazando a los que ellos rechazan".
2) La unidad en la Tradición Sacra se identifica con la Doctrina viva que fue transmitida por la voz viva del Señor y de los Apóstoles que, al lado de la Sagrada Escritura y junto a ella, constituye otra fuente de la Revelación y como tal, ha sido atesorada por la Iglesia y constituye el testimonio confirmatorio vivo del Paráclitos que, según la promesa del Señor, permanece junto a ella, por los siglos, para conducirla a toda verdad. Esta tradición, como reservorio esencialmente equivalente y paralelo a las Escrituras, se verifica y se encuentra en la Iglesia Una y verdadera, constituyendo uno de los criterios externos y manifiestos de la unidad de nuestra Iglesia Única.
3) La unidad en el rito se expresa a través de la profusa aprehensión y aceptación en toda la Iglesia del mismo espíritu de prosternarse y adorar a Dios Trino alabado, que descansa entre los santos y recibe la glorificación, la alabanza y nuestras plegarias de súplica, satisfaciendo nuestras necesidades con mucha misericordia y gracia. Ello se exterioriza con los mismos modelos rituales, los mismos trámites y oraciones, las mismas ceremonias, los mismos misterios, la vida cultual común que dondequiera que se encuentre y a pesar de la variedad, la multiplicidad de los signos externos y los modos de expresión, es el único culto Ortodoxo de nuestra Iglesia Ortodoxa Única que salvaguarda el sentido de su unidad en el espíritu litúrgico y cultual.
4) La unidad de las Iglesias autocéfalas ortodoxas revela un sistema que, en un espíritu absolutamente democrático y liberal, respeta la base de su carácter confederal y lo eleva a la fama y al prestigio del sistema administrativo por excelencia ortodoxo, que muestra a la Iglesia como Institución libre que se desarrolla en libertad y anuncia la libertad. Con el sistema ortodoxo de autocefalías, bajo el régimen confederal que respeta la igualdad entre hermanos, el gobierno según Cristo, así como todo progreso en la vida y en la fe, es pleno y está asegurado en cada Iglesia.
5) La unidad de consciencia, de criterio o, más ampliamente, de aprehensión del espíritu ortodoxo, resuena doblemente en cada circunstancia que se revela la ortodoxia de los miembros de la Iglesia. Y, en particular, por una parte a través de la expresión y de la exposición de la fe ortodoxa por cada miembro ortodoxo de la Iglesia, independientemente además de su formación espiritual o teológica y, por otra parte también, a través de la percepción interna o criterio infaliblemente ortodoxo, por la percepción, reconocimiento o el rechazo y la desestimación de todo aquello que no es ortodoxo. Este último se manifiesta como el consenso de la consciencia ortodoxa, sobre toda cuestión que, como doctrina u opinión, se expone ante el alma ortodoxa o también inversamente, como rechazo y desestimación de todo aquello que desentona con el sentido y la doctrina de la Iglesia Ortodoxa, es un elemento imposible de sopesar, inconcebible, muy intrínseco de la Ortodoxia, pero al mismo tiempo es un privilegio carísimo del alma ortodoxa, sobre el cual se edifica además su continuidad y su resistencia a las amenazas y agresiones contra ella, internas y externas.

1.3. LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD DE LA ORTODOXIA ÚNICA.

Paralelamente a estos elementos que expresan la unidad de la Ortodoxia y sobre los cuales se verifica esta unidad, no menos, existen también y en principio, múltiples variedades dentro de ella, bajo las cuales se encuentra, al menos en muchas de sus manifestaciones externas, nuestra Iglesia Una y Ortodoxa. Se trata de aquellos elementos que distinguen o mejor dicho diferencian nuestra Iglesia Ortodoxa.
Desde un comienzo debemos subrayar que, hablando con propiedad, no existen elementos que diversifican la Ortodoxia. Porque todo aquello que para la aprehensión y el juicio del observador, interno o externo, pareciera indistintamente como elemento que divide o quiebra la unidad de la ortodoxia, todo cuanto aparece con más frecuencia, todo cuanto constituye elemento de diferencia externa o desigualdad o pareciera también como antinomia, ello en realidad es quizás el sexto carácter de unidad de nuestra Ortodoxia, al cual catalogamos aquí como “unidad en la diversidad" de la Ortodoxia Única.
Esta unidad en la diversidad de la Ortodoxia radica en la multiplicidad de las manifestaciones particulares, formas de vida, de acción, de historia, de instituciones, de tradiciones y adaptaciones de la Ortodoxia. Multiplicidad que da un aspecto y una apariencia que varía de un lugar a otro, manteniendo así el carácter local y el color del carácter autóctono, o también del grado del desarrollo cultural, pero no divide ni escinde la ortodoxia. Tampoco divide a la Iglesia Única diferenciándola, de acuerdo al sentido y la esencia de la Ortodoxia. Un ejemplo de ello es el sistema de autocefalías de la Ortodoxia, la diversidad de lenguas y de sistemas administrativos. A pesar de esta diversidad la ortodoxia es una en cada alma ortodoxa y supera las diferencias más que nada externas de las diversidades particulares y formas de expresión de sus vivencias y verdades.

1.4. ELEMENTOS QUE DIVERSIFICAN LA IGLESIA ORTODOXA ÚNICA.

Con el término "diversifican" no se expresa una división sino simplemente la diversidad de formas y manifestaciones externas, no así la división en la esencia y en el ser de la iglesia Ortodoxa Única. Estas diferentes formas se pueden enumerar de la siguiente forma:
1) En primer lugar debemos mencionar las diversidades étnicas o raciales. El cristianismo en su totalidad, en el derecho divino y también en la articulación de las cosas humanas, es religión mundial que, desde la óptica histórica, cubre a los pueblos que abarcó y abarca en su seno, y, desde la óptica escatológica, va a abarcar a todo el mundo, porque "llegará el fin" (Mat. 24,14). Se entiende entonces que puede incluir en su seno a toda nación y a toda raza que habría de ser atraída y asimilada en la misma fe y tradición, en la Ortodoxia Única, cobrando así plenitud al mismo tiempo las dos características principales de la Iglesia Una, su Catolicidad y su Apostolicidad.
Pero esta asimilación no significa la trituración y eliminación del sentimiento nacional de los atraídos a la fe. La libertad y el libre desarrollo de los pueblos, dentro del espíritu cristiano, constituye uno de los objetivos más sacros de la Iglesia Ortodoxa que se diversifica, desde luego, a causa de este factor étnico y racial, pero conserva el privilegio de la libertad, de la forma por excelencia libre del Cristianismo.
2) Paralelamente a este carácter étnico o racial diversificado de la ortodoxia, existen también diversidades culturales. Estas están íntimamente ligadas a las diferentes formas y expresiones de la civilización de un lugar a otro y de los regímenes políticos locales, dentro de los cuales vive y se desarrolla la ortodoxia. Es natural que estos factores les den a las Iglesias locales diversas características externas.
3) La diversidad lingüística es un factor paralelo al racial, político y cultural. El factor de la lengua provee externamente una diversificación característica y, en especial, en el modo de la adoración, en el modo de los trámites eclesiásticos, en los modos de comunicación, en las formas de transmisión de la palabra de Dios y, en general, a todas las formas de expresión del espíritu uniforme e íntimo de la Ortodoxia. Las lenguas particulares de todos los pueblos son respetadas y aceptadas por igual, tanto como la lengua griega del Evangelio y de los Grandes Padres de la Iglesia, a través de la cual se formularon los dogmas y los cánones de gobierno de la Iglesia Cristiana unida.
4) Diversidades administrativas. Aquí nos referimos a todas aquellas formas que varían en los detalles de la vida y de la organización de la Iglesia, todos aquellos que parten, por ejemplo, de la frecuente diferencia en el sistema administrativo de una iglesia a otra, hasta aquellas diferencias que se anotan en la legislación vigente, las normas reglamentarias, la tramitación eclesiástica, el derecho canónico y el derecho penal.
En conclusión, a pesar de estas o aquellas diversidades, existe principalmente, para decirlo de alguna forma, una conciencia firme y uniforme en todo ortodoxo de que existe una sola Iglesia Ortodoxa y una sola Ortodoxia constituye el verdadero y salvífico rebaño de Cristo.
La identidad de esta conciencia, de esta percepción ortodoxa, el espíritu ortodoxo único del alma ortodoxa, que vivencia intensamente, constituyen la garantía de la unidad de la Iglesia Ortodoxa. La multiplicidad de las formas no aniquila la unidad en la esencia, tal como la multiplicidad de las operaciones en Dios, para utilizar la doctrina sobre la esencia y las operaciones de Dios de nuestro Santo Padre Gregorio Palamás, que no afecta la sustancia única de Dios.
Quizás el examen de nuestra eclesiología bajo la óptica de esta teología de Palamás, sea la mejor justificación teológica de las diversidades en nuestra Iglesia que fue, es y será una sola por los siglos.
No debemos sin embargo ocultar que existen cuestiones que no exhalan unidad, como la cuestión de los "veterocalendaristas", y la cuestión de la diáspora ortodoxa a lo largo y lo ancho del mundo, que resultan ser elementos que denuncian amargamente la ortodoxia divergente.
Ocupando una posición minoritaria, la diáspora ortodoxa benefició desde luego de manera peculiar a la ortodoxia, ya que la puso en contacto vivo con el resto del mundo cristiano e hizo conocer las vivencias más santas de la ortodoxia, a la que mostró además como Iglesia de Cristo viva y verdadera y no como una institución petrificada de épocas pretéritas. La diáspora benefició a la ortodoxia pero, nadie puede poner en duda que, ante los extraños da la imagen de tener divergencias, de estar en competición y conflicto interno en asuntos de autoridad, jurisdicción, dependencia, pertenencia, de diversidad racial o de tradición, que da una imagen pésima en cuanto a la proyección de la unidad de la ortodoxia, y nos obliga a pensar y recordar el texto del famoso canon 28 del IV Concilio Ecuménico de Calcedón. Este texto da la única solución posible y la salida al problema de la Iglesia de la diáspora en competición. Pero habiéndonos referido a los elementos que unen y diversifican la ortodoxia, entramos al último tramo de este trabajo en el cual nos referiremos y presentaremos la vida y las actividades de nuestra Iglesia Ortodoxa en esta lejana y extensa región de Sudamérica.

La historia de la Iglesia Ortodoxa comienza en los relatos bíblicos. Como día fundacional es considerado el día de Pentecostés en que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los Apóstoles reunidos en Jerusalén. El testimonio personal de los Apóstoles sobre la doctrina recibida de Cristo, sumada a su condición de testigos oculares de Cristo Resucitado y la Gracia del Espíritu Santo que permanece en ella desde el día de Pentecostés, fueron y siguen siendo los pilares fundamentales de la Iglesia.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles sabemos que la primera Iglesia fue constituida en Jerusalén y fue Santiago su primer Obispo. Pronto los miembros de esa primera Iglesia fueron dispersados, a causa de las persecuciones que siguieron a la ejecución de San Esteban y se refugiaron en las ciudades cercanas, principalmente en la gran ciudad de Antioquía donde, los seguidores de Cristo fueron llamados cristianos por primera vez. Las largas travesías evangelizadoras de Pablo, Bernabé y de los demás Apóstoles hicieron expandir la fe cristiana por todo el Imperio Romano y más allá de sus fronteras también. Se fueron estableciendo Iglesias en todas las ciudades grandes y pequeñas y se comenzó a perfilar la estructura administrativa de la Iglesia naciente.
Pronto en cada ciudad habría una comunidad cristiana con un Obispo en su cabeza, secundado por presbíteros y diáconos, a imagen de la primera Iglesia de Jerusalén. San Ignacio Obispo de Antioquía (el sucesor inmediato del Apóstol Pedro y discípulo del Apóstol Juan y de Pablo) camino al martirio en Roma y alrededor del año 107, escribió unas cartas dirigidas a algunas comunidades cristianas de Asia Menor. Las mismas son valiosísimos testimonios acerca de lo que era la Iglesia, su naturaleza y estructura. San Ignacio insistía particularmente sobre dos aspectos: el rol del Obispo y la Eucaristía. Consideraba que la Iglesia es a la vez jerárquica y sacramental. Decía: “Allí donde está el Obispo, allá donde está la comunidad, así como donde se encuentra Jesucristo, allí está la Iglesia Católica”.
Los fieles de la campiña pertenecían a la Iglesia de la ciudad más cercana. Cuando una nueva comunidad crecía en número de fieles, obtenía el rango de Iglesia y su Obispo recibía la consagración del Obispo de la ciudad más cercana y seguía manteniendo con él una relación de respeto y reconocimiento que, más tarde, se tradujo en una especie de dependencia administrativa. Así una Iglesia que había tenido hasta dos Iglesias filiales, recibía el rango de Arzobispado y su Obispo el título de Arzobispo, mientras la Iglesia que había tenido más de dos Iglesias filiales, recibía el rango de Metrópolis y su Obispo el título de Arzobispo Metropolitano o simplemente Metropolitano. Más tarde, en épocas de Constantino Magno, los Metropolitanos de las seis ciudades más importantes del Imperio recibieron la distinción de Exarcas y todas las Iglesias de su jurisdicción, coincidente con la división política del Imperio, pasaron a tenerles como suprema autoridad de apelación en los conflictos resueltos en primera instancia por el Obispo y el Presbiterio y, en segunda instancia, por el Metropolitano y el Sínodo de Obispos, o en conflictos suscitados entre Obispos y Metropolitanos. Queda sobreentendido que los Exarcas compartían estas responsabilidades con el Sínodo o Colegio de Obispos de su jurisdicción.
Más tarde aún, a partir de la época del Emperador Teodosio Magno y del III Concilio Ecuménico, se comenzó a abandonar el esquema de las exarquías y prevaleció el esquema de los cinco Patriarcados, a saber: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Cabe aclarar que la Iglesia de Chipre no perteneció a ninguno de los cinco Patriarcados.
Los ortodoxos consideran que la organización administrativa o externa de la Iglesia, aunque importante, es en realidad secundaria con respecto a la vida sacramental. La unidad de la Iglesia pertenece a un dominio diferente. La Iglesia es una porque, como Cuerpo de Cristo, se opone a toda idea de fragmentación. Esta unidad abarca el tiempo y el espacio, lo terrestre y lo celestial. A imagen de Dios Uno y Trino, la Iglesia es una pluralidad, en la diversidad de lenguas y de culturas. Como en una sinfonía a varias voces, es radicalmente una en la doctrina, en los sacramentos y la comunión (κοινωνία). Y así como la Iglesia es una en una multitud de Iglesias, San Cipriano de Cartago insistirá en que, el Episcopado es uno solo, pues proviene del sacerdocio único de Cristo y que, aunque es compartido por todos los obispos, cada uno de ellos no posee una parte sino la totalidad de la autoridad episcopal.
Todos los Obispos están investidos del carisma especial de enseñanza. Su función consiste en proclamar la verdadera fe que Cristo es el Hijo de Dios vivo. Por tanto, cada uno de ellos es sucesor de Santiago, de Pedro y de los demás Apóstoles. Así, en cada Iglesia local se halla presente la plenitud de la verdad y del magisterio. Este es, en breves palabras, el sentido de la Iglesia y, para hacer más eficaz su testimonio y para resolver sus problemas comunes, se volvió habitual el reunirse en Concilios. El primero en reunirse fue el Concilio Apostólico, que tuvo lugar en Jerusalén, como está descripto en el capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles.
A partir del siglo III se reunían esporádicamente Concilios locales, provinciales o regionales en la ciudad capital de la zona y presididos por el Metropolitano, Exarca o Patriarca de la ciudad de reunión. Estos Concilios reforzaron por otra parte el esquema administrativo patriarcal y metropolitano de la Iglesia. Progresivamente se estableció de hecho cierto orden de precedencia y de honores entre las Iglesias, basado, más que en otra cosa, en la importancia poblacional y política de cada sede episcopal.
En adelante, toda la historia de la Iglesia Ortodoxa está relacionada y se puede resumir en la historia de los Concilios Ecuménicos.
El primero se reunió en Nicea (Asia Menor) en el año 325. Condenó al arrianismo -que enseñaba que Cristo no es Dios, sino una hechura más de Dios- y proclamó que en Cristo hay dos naturalezas inconfundibles e independientes, la divina y la humana (Cristo es Dios perfecto y al mismo tiempo es hombre perfecto); redactó los primeros artículos del Credo; unificó la celebración de la Pascua; dictó normas de gobierno eclesiástico y de administración de los sacramentos; adoptó como propios los llamados Cánones de los Santos Apóstoles; depuró y codificó los textos bíblicos y litúrgicos.
El II Concilio Ecuménico se reunió en Constantinopla en el año 381. Confirmó al anterior, condenó a Macedonio -que enseñaba que el Espíritu Santo no es Dios- y reafirmó que es en efecto una de las tres personas de Dios Trinitario (Santa Trinidad). Completó la redacción del Credo, elevó la Iglesia de Constantinopla al rango de Patriarcado, "por ser ésta la Capital del Imperio" y estableció la precedencia en los honores (Roma - Constantinopla).
El III Concilio Ecuménico se reunió en Éfeso (Asia Menor) en el año 431. Condenó a Nestorio que pretendía que en Cristo hay dos personas, la divina y la humana. Reafirmó que en Cristo hay una sola persona, la divina, aunque dos naturalezas y, consecuentemente, proclamó a María Madre-de-Dios (Teotokos = Deipara, gr. Θεοτόκος), reconoció la autocefalía de la Iglesia de Chipre y estableció el celibato de los obispos. La Iglesia de Persia quedó separada del seno de la Iglesia Católica.
El IV Concilio Ecuménico se reunió en Calcedón (Asia Menor) en el año 451. Condenó a Eftijís y a Dióscoro -que pretendían que en Cristo subsisten dos hipóstasis- y confirmó la doctrina de los tres Concilios anteriores acerca de que en Cristo hay dos naturalezas. Confirmó la precedencia en los honores del Patriarca de Constantinopla y amplió su jurisdicción espiritual sobre los pueblos y los países fuera de la jurisdicción territorial de las otras Iglesias, agregándole el título de "Ecuménico". La Iglesia de Jerusalén fue elevada al rango de Patriarcado con jurisdicción territorial propia, "por ser ésta la madre de todas las Iglesias". Las Iglesias Armenia, Siríaca, Copta (egipcia) y Etíope quedaron separadas del seno de la Iglesia Católica por dificultades lingüísticas, culturales y políticas.
El V Concilio Ecuménico se reunió en Constantinopla en el año 553. Condenó a Diodoro y a Teodoro que pretendían que Cristo y el Verbo de Dios no son lo mismo. No emitió normas de gobierno.
El VI Concilio Ecuménico se reunió en Constantinopla en el año 680. Condenó a los monotelitas -que enseñaban que en Cristo quedó una sola voluntad, la divina, luego que la humana fuera absorbida-, proclamando que Cristo conservó ambas voluntades, sometiendo Su voluntad humana a Su voluntad divina.
El Quinisexto Concilio Ecuménico (llamado así porque resumió la doctrina de los dos Concilios Ecuménicos anteriores) se reunió en Constantinopla en el año 691. Emitió normas de gobierno, adoptó como propias las resoluciones de otros Concilios de carácter local, reafirmó la precedencia en los honores de los Patriarcas en el siguiente orden: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía, Jerusalén.
El VII Concilio Ecuménico se reunió en Nicea en el año 784. Condenó a los iconoclastas que habían eliminado las imágenes de los templos y restituyó el uso de los iconos (imágenes planas con motivos religiosos, de estilo sobrio y característico) proclamando que no son objetos de adoración sino medios que nos ayudan a recordar las figuras de Cristo y de los Santos, dignas de ser imitadas por nosotros. La veneración que les rendimos, no se refiere a los objetos mismos, sino se eleva a la o las personas representadas. La prohibición del Antiguo Testamento (no harás para ti ningún ídolo ni semejanza alguna de lo que hay arriba en el cielo y abajo en la tierra...) había cesado, ya que Cristo había estado entre nosotros y su figura concreta podía ser representada y recordada, y tal representación no significaba un peligro de convertirse en idolatría.
Hubo un Concilio Ecuménico más que confirmó la jerarquía y la autenticidad del VII Concilio Ecuménico, pero aunque su doctrina se ha convertido en práctica cotidiana o habitual de la Iglesia, no puede ser mencionado como el VIII Concilio Ecuménico hasta su ratificación formal y oficial por otro Concilio Ecuménico.
En el año 862 comienza la misión evangelizadora de los hermanos tesalonicenses Cyrilo, y Metodio entre los pueblos eslavos. Inventan el alfabeto eslavo, redactan su gramática y sintaxis, y traducen la Biblia y los textos litúrgicos.
En el año 864 el zar de los Búlgaros se convierte al cristianismo.
En el año 867 ocurre el efímero cisma entre la Iglesia del Oriente y la Iglesia del Occidente en tiempos del Patriarca Focio. Se restablece la paz y la unidad junto con el texto original del Credo Niceno-Constantinopolitano. El problema del "filio que", de origen español, había sido discutido ya en el seno del II Concilio Ecuménico y había sido rechazado. Más tarde (año 1054) habría de convertirse nuevamente en aparente motivo central del Gran Cisma, como lo fue en el 867.
En el año 988 se produce la conversión del Príncipe de Kiev Vladimiro, nieto de la cristiana Princesa Olga y la conversión de Rusia.
En el año 1054 tiene lugar el Gran Cisma. La Iglesia Oriental u Ortodoxa permanece fiel a la doctrina y a la Tradición Sacra de los Concilios Ecuménicos, mientras en el Occidente se comienzan a introducir algunas reformas. El método de pensamiento que se sigue en el Oriente es el platónico o más precisamente el neoplatónico cristiano. En el Oriente es necesario pensar y creer como los Concilios Ecuménicos y el consenso del pueblo cristiano (la Iglesia).
En el año 1593 la Iglesia de Rusia es elevada al rango de Patriarcado. Reemplazado en 1721 por un Sínodo de Obispos, se reorganiza luego, en 1917, con la desaparición de la monarquía.
A continuación se suceden las siguientes proclamaciones o reconocimientos de autocefalías o autonomías:
  • Año 1850: De la Iglesia de Grecia (no abarca a todo el territorio actual de la República de Grecia).
  • Año 1917: De la Iglesia de Georgia.
  • Año 1920: Del Patriarcado de Serbia.
  • Año 1923: De las Iglesias de Checoslovaquia (hoy República Checa y Eslovaquia) y de Finlandia.
  • Año 1924: De a Iglesia de Polonia.
  • Año 1925: Del Patriarcado de Rumania.
  • Año 1937: De la Iglesia de Albania (disuelta por el régimen comunista fue reorganizada en 1992).
  • Año 1961: Del Patriarcado de Bulgaria.
  • En el año 1963 se produce el histórico encuentro entre el Patriarca Ecuménico Atenágoras y el Papa Pablo VI.
  • Año 1964: Se revoca recíprocamente el anatema de 1054.

La Iglesia está sustentada sobre el testimonio de los Apóstoles y por el Espíritu Santo que sella y autentifica ese "testimonio humano acerca de la Resurrección histórica del Señor”. Esto es muy importante cuando se considera el Canon del Nuevo Testamento. Su autoridad proviene a la vez de su autenticidad apostólica y de su inspiración. Jamás se admitió añadir al Canon un escrito que no fuera de origen apostólico, precisamente porque el Espíritu no revela más que a Cristo, cuyos testigos fueron los Apóstoles.
La Escritura abarca lo esencial y fundamental del testimonio apostólico. Pero este testimonio no es un invento ni la publicación de un manifiesto de fe, sino que, primeramente, el Evangelio fue proclamado a una comunidad fundada por esos apóstoles que había recibido el Espíritu mismo, y luego fue puesto por escrito. En esta Escritura la Iglesia reconoce la Verdad, establece sus límites y la interpreta al unísono con la ayuda del Espíritu. Esa proclamación, esa Escritura, ese reconocimiento y esa interpretación es lo que llamamos la Tradición Sacra. La Tradición cristiana es esa fe dada por Cristo a sus Apóstoles y transmitida por ellos a la Iglesia, de generación en generación. Es por ello que la Biblia forma parte de la Sacra Tradición. Separarlas u oponerlas es empobrecer a una y a otra ya que, son un camino único sustentado y nutrido en la única doctrina proclamada por los Apóstoles.
Desde luego hay que diferenciar entre la Tradición Sacra y las tradiciones de la religiosidad popular de las diferentes culturas. Éstas, aunque puedan ser piadosas y de valor en la tarea evangelizadora, son humanas y no forman parte de la Sacra Tradición cristiana.
La Sacra Tradición abarca las decisiones y los decretos de los Concilios Ecuménicos, el canon bíblico y los textos litúrgicos aprobados por ellos o por los Sínodos locales de Obispos, y la doctrina de los Santos Padres de la Iglesia, en cuanto alcanza el consenso entre ellos, no así sus opiniones aisladas.
Para el pensamiento ortodoxo la auténtica fidelidad a la Sacra Tradición no consiste en la repetición de fórmulas preestablecidas, cuyo sentido no se comprende, ni la adhesión intelectual a un sistema doctrinal, ni algo extático que se acepta pasivamente. Es en cambio una fidelidad creativa, algo dinámico, fruto de la experiencia viva y actual del encuentro personal con Cristo en el Espíritu.

Es en esencia mística, íntimamente ligada a la experiencia espiritual, cuyo objetivo es la comunión con Dios, la unión deificante, la vida santa. Todas las argumentaciones de los Padres de la Iglesia contra los heréticos no eran especulaciones intelectuales, estaban centradas en la concepción que sus errores comprometían la salvación, la deificación. San Atanasio, por ejemplo, en su debate contra la herejía de Arrio decía: "Si Cristo no es Dios ¿cómo nos puede deificar?" El único objeto buscado por los teólogos, conocido por los Santos, es Dios en su mismo ser, en su Providencia, en su Encarnación, en su presencia en la Iglesia, en su última manifestación al final de los tiempos.
En esta búsqueda hay dos aspectos fundamentales de los que parten los Padres griegos en la concepción de Dios: la trascendencia absoluta y el carácter trinitario y personal del ser divino.
La trascendencia de Dios es consecuencia lógica de la narración bíblica acerca de la creación "ex nihilo" (a partir de la nada). Esto significa que los seres creados son de un orden existencial, esencialmente distinto a Dios y plantea la incognoscibilidad de la esencia divina. De allí que, consciente de los límites de la razón ante ese hecho, la única posibilidad que le queda al hombre consiste en afirmar que Dios "no es" lo que puedan conocer los hombres y que no se le puede comparar a ninguna cosa creada; que no hay ninguna palabra ni imagen que sean capaces de expresar su ser.
Esto es lo que se conoce como teología apofática o negativa. Esta teología, por desconfiar del abuso del razonamiento, será relativamente independiente de la filosofía. Se diferencia de las teologías desarrolladas en el Occidente que confían más en sus razonamientos y por ello recurren más a la filosofía y a la razón para tratar de develar el misterio.
Pero ese Dios a quien es imposible conocer en su esencia, se revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo. De allí que la teología ortodoxa no parte del "Dios desconocido", sobre quien puedan especular los filósofos, sino de un Dios viviente que se revela y que actúa. Por eso es, por excelencia, una Teología Trinitaria. Es a la luz de este misterio de la Santísima Trinidad que se tratarán todos los otros misterios: la creación, la caída, la encarnación, la redención, etc. ya que todo proviene de Ella y se dirige a Ella.

4.1. LA SANTA TRINIDAD.

La Teología Oriental no parte de un concepto sino de la realidad misma de las tres Personas o Hipóstasis que son una sola esencia (οὐσία). Su esencia es su misma unidad y la fuente de esa unidad es el Padre, origen personal de la divinidad que comunica ésta al Hijo por generación y al Espíritu Santo por procesión: "Cuando venga el Paráclitos que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí” (Jn 15,26). De allí la objeción que hacen los ortodoxos al "filio que".
El Hijo no puede ser dotado de un privilegio que no pertenezca al Padre. Además situar al Padre y al Hijo como principio transpersonal del Espíritu sería una procesión según la naturaleza y el Espíritu Santo, que es de la misma naturaleza, procedería de sí mismo.

4.2. LA CREACIÓN.

Esta teología de las personas divinas, Trinidad inmanente, se va a reflejar en su actividad "ad extra", como la Trinidad económica. Dios no es una naturaleza cerrada, sino una Trinidad de Personas, cuya esencia es el amor. Este amor se irradia fuera de Ella, como el sol, comunicando la existencia a una multiplicidad de seres. La creación es el don que Dios quiere hacer de sí mismo, poniéndole su impronta y forjándola con el poder del Padre, la sabiduría del Hijo y la vida del Espíritu.
De ese universo el hombre es la cúspide, pues es creado a imagen y con capacidad de alcanzar la semejanza (ὁμοίωσιν) de la Trinidad. Siendo una multitud de personas en una única naturaleza, el hombre esta llamado a unirse en comunión con Dios por su misma naturaleza. Esta comunión se da en un proceso de espiritualización ο edificación progresiva del cuerpo y del alma, dado que la imagen es la persona entera, cuerpo y alma, no sólo su alma. Este proceso es denominado deificación o "θέωσις".

4.3. DOGMA Y DOGMAS.

El dogma es una verdad indiscutible. Los dogmas que lo componen, expresan "la doctrina del Señor y de los Apóstoles". Está sustentado por la savia -vital de las Escrituras sin añadir ningún contenido nuevo. El dogma no contiene ideas ni conceptos, sino realidades divinas. Por ello todo dogma es simbólico. La ortodoxia al confesar un dogma tiene siempre presente el principio de la teología apofática.
El dogma incluye:

  1. las decisiones tomadas por los Apóstoles y los ancianos en el concilio de Jerusalén (Hech 16,4);
  2. el Credo Niceno-Constantinopolitano (versión original);
  3. las definiciones dogmáticas de los Siete Concilios Ecuménicos;
  4. los textos dogmáticos de los nueve Concilios Locales; y
  5. los textos de los Sínodos de Constantinopla de 861, de 879 y los del siglo XIV (1314 - 1351) sobre la doctrina de San Gregorio Palamás acerca de las energías divinas. La participación en la naturaleza divina pero sin confundirse con la esencia de Dios. Esta es la explicación de la deificación que antes mencionamos como el objetivo de la vida del hombre.

Los otros aspectos de la Sacra Tradición, que no pertenecen al dogma, son afirmados por la Iglesia con una convicción interior y unánime y son expresados principalmente en el culto. Así la Ortodoxia ha hecho pocas declaraciones explícitas sobre la Eucaristía y los otros Sacramentos, sobre la Madre-de-Dios y los santos, sobre el otro mundo y los fieles difuntos.
Todas estas creencias están casi enteramente contenidas en las oraciones y en los himnos de los servicios litúrgicos. No solamente las palabras expresan en símbolos las verdades de la fe sino también los gestos y las acciones tienen un sentido particular.

Otro aspecto de la Tradición de la Iglesia es el arte.
Los iconos también son caminos por los cuales Dios se revela a las personas. El fundamento que la ortodoxia tiene en la veneración (no adoración) de los iconos, es la Encarnación del Verbo. Pero eso no es algo que afecta al arte religioso solamente, sino se relaciona también con el fin de la Encarnación y de la salvación del hombre.
La tradición musical y arquitectónica merecen el mismo comentario, pues contienen un mensaje simbólico de gran importancia. El estilo bizantino, tanto musical como arquitectónico, es considerado como la expresión más refinada en este sentido.

La adoración es la expresión natural del hombre en presencia de Dios que invade todo su ser y donde el cuerpo traduce de alguna manera, lo que el alma experimenta. Así, la adoración cristiana es una consagración del ser entero. La santificación en cuerpo y alma es la verdadera adoración "en espíritu y verdad".
El corazón de la adoración es la Divina Liturgia (Divina Eucaristía o Misa) que tiene lugar en el único templo agradable al Padre: el Cuerpo de Cristo Resucitado. En la Liturgia, los que han nacido del Espíritu, asocian su adoración con la única en la que, el Padre halla su complacencia, la del Hijo muy amado que clama: "Abba, Padre".
Los Sacramentos o Misterios ocupan un lugar central dentro del culto ortodoxo. San Juan Crisóstomo decía: “lo que creemos no es lo que vemos, sino que vemos una cosa y creemos en otra". Esto se refiere a que en todo Sacramento hay un signo externo, material (agua, pan, vino, aceite, manos impuestas) y también hay una Gracia espiritual invisible que es la que se comunica a través del signo material.
Entre los Sacramentos o Misterios se destacan: el Bautismo, la Unción Crismal, Crisma o Confirmación, la Divina Eucaristía (Divina Liturgia o Misa), la Confesión, la Ordenación o Imposición de Manos, el Matrimonio, la Unción de los Enfermos, la Santificación del Agua y el Ritual de la Santa Luz en el Santo Sepulcro. Los primeros cuatro son obligatorios y los demás son optativos.

6.1. EL BAUTISMO.

El Bautismo se realiza (como la palabra bautismo indica) por inmersión en agua. Solamente en casos extremos se puede realizar por aspersión o incluso en el aire (sin agua).

6.2. EL CRISMA

El Crisma o Confirmación se realiza inmediatamente después del Bautismo y es requisito indispensable para participar en los restantes Sacramentos.

6.3. LA MISA

La estructura de la Misa comprende tres partes: La preparación de las ofrendas; La Liturgia de los catecúmenos o de la Palabra; y la Liturgia de los fieles o Liturgia del Misterio.
En la Iglesia Ortodoxa hay en uso cuatro repertorios de Misa.

  1. La de San Santiago es la más antigua y se celebra una sola vez al año, en el día de este santo (23/10).
  2. La de San Basilio Magno que tiene dos versiones. La diurna se celebra en seis oportunidades: en el día de este santo (1/1), y los cinco domingos de la Gran Cuaresma. La vespertina se celebra en cuatro oportunidades: el Jueves Santo, el Sábado Santo, el 5 de enero (vísperas de Epifanía) y el 24 de diciembre (vísperas de Navidad).
  3. La de San Juan Crisóstomo que se celebra en todos los demás días del año, menos en el período de la Gran Cuaresma, con algunas excepciones, como el 25/3 (Anunciación) en que si se celebra.
  4. La de los Dones Presantificados que se celebra todos los miércoles y viernes de la Gran Cuaresma, el lunes, martes y miércoles de la Semana Santa y cuando se conmemora a algún santo en el período de la Gran Cuaresma. En esta Liturgia no se consagran los Dones, se utilizan Dones consagrados en la Misa del domingo precedente. Es que, en la Iglesia Ortodoxa, la Gran Cuaresma es período penitencial, en tanto todos los domingos del año son de gozo pascual.
6.4. LA CONFESIÓN.

En el orden espiritual no sólo existen males sino también remedios. El dolor, el arrepentimiento por la falta cometida, sustentan la absolución. Asimismo debe haber una búsqueda por parte del Confesor sobre las causas, sobre todo en los pecados reiterados, para así poder guiar al fiel, a fin de que no vuelva a caer. La confesión no se debe transformar en un interrogatorio. Se recomienda adoptar a un padre espiritual y volver siempre a él, estableciendo una relación paterno-filial, basada en el respeto y en el amor. La confesión se realiza siempre en un clima distendido y en una relación personal cara a cara. Este Sacramento puede ser celebrado solamente por el Obispo y por los Presbíteros autorizados.

6.5. LA ORDENACIÓN O IMPOSICIÓN DE MANOS.

Hay tres órdenes mayores: Obispo, Presbítero y Diácono.
El Obispo esta investido con el sumo sacerdocio y es el único facultado para ordenar. A partir del III Concilio Ecuménico los Obispos provienen del clero célibe. Para que un Obispo sea ordenado, hace falta la concurrencia de dos o tres Obispos, preferentemente de Diócesis vecinas.
El Presbítero actúa por delegación del Obispo. Necesita una distinción especial para ser confesor y la autorización expresa del Obispo para bendecir cada matrimonio. Los miembros del Presbiterio Parroquial deben ser casados. El Obispo puede tener a su disposición, para los servicios administrativos y para la tarea de la predicación de su Diócesis, a dos o tres Presbíteros célibes.
El Diácono sólo asiste al ministro oficiante (Obispo o Presbítero) en la celebración de los Sacramentos y por delegación del mismo puede transmitir la comunión a los fieles e incluso transportarla para asistir a un enfermo.

6.6. EL MATRIMONIO.

El ritual consta de dos partes. La primera es del compromiso o rito de esponsales. La segunda es el rito de la coronación. En la primera parte se bendicen los anillos como símbolo de la alianza que hacen los novios en vistas a una vida común, fruto de su cariño. En la segunda parte es Dios quien consagra esa alianza. El ministro oficiante hace una epíclesis consagratoria. Cristo invisible, pero no menos real, está presente como en las bodas de Cana de Galilea. Las coronas simbolizan la participación en la realeza de Cristo que convierte al hogar en un reino, una manifestación del Reino de Dios. Las coronas además de realeza hablan de sacrificio, como la de Jesucristo, ya que no hay amor verdadero si no se sacrifican los egoísmos y todo aquello que impida la realización de su plenitud. El ministro es el presbítero o el obispo, siendo Dios quien lo consagra. El matrimonio se considera indisoluble, sin embargo en la Iglesia Ortodoxa existió siempre el divorcio, para curar las debilidades y las necesidades humanas, y la posibilidad de contraer hasta un tercer matrimonio. Es notoria la diferencia que existe entre el ritual del primer matrimonio y el del segundo.

6.7. UNCIÓN DE LOS ENFERMOS.

Ya en la carta de Santiago se insta a invitar a los presbíteros de la Iglesia a fin de orar y ungir a los enfermos. Es una Gracia curativa tanto para las dolencias espirituales como corporales. Se celebra aún no existiendo un riesgo inmediato de muerte. Además se celebra en todas las Iglesias el Miércoles de la Semana Santa.

La fiesta mayor y al mismo tiempo eje central de todas las fiestas y de la Misa es la Pascua de Resurrección. Todo el ciclo litúrgico, el repertorio de lecturas y cánticos, esta relacionado con ella. Dentro de este ciclo se destacan las siguientes fiestas del Señor: el Domingo de Ramos, el Domingo de Santo Tomás, la Ascensión, el Pentecostés y del Espíritu Santo (lunes de Pentecostés); y una sola fiesta mariana: la de la Fuente Receptáculo de Vida (Ζωοδόχος Πηγή) (el viernes de la Semana de Renovación o Semana Pascual). Toda la Semana Santa está dedicada al Señor y en ella se conmemoran los acontecimientos dramáticos de los días previos e Su Resurrección.
Otras fiestas del Señor son: la Navidad (25/12), La Circuncisión (1/1), la Epifanía (6/1), la Presentación del Niño Jesús al Templo (Candelarias) (2/2), la Transfiguración (6/8), la Exaltación de la Santa Cruz (14/9).
Las otras fiestas marianas son: la Anunciación (25/3), la Dormición o Asunción (15/8), la Natividad de la Virgen (8/9), el Ingreso de la Virgen al Servicio del Templo (21/11) y la Concepción de Santa Ana (9/12).
Todo el calendario litúrgico contiene fiestas dedicadas a los Santos. La santidad es la meta de todo cristiano. Los Santos son "ventanas abiertas al Rei-no de Dios" porque la santidad es el único atributo que sólo podemos encontrar en Dios, sin que haya paralelo en la naturaleza creada. La comunión con Dios es lo que da la santificación. Se va santificando quien entra en comunión con Dios. Si bien es cierto que en tal relación hay cooperación, no obstante lo que se recibe es un don. Por ello, ser santo no es un mérito y quien se tenga a sí mismo por santo, gracias a sus propios méritos, en rigor no lo es. Los Santos son modelos de hombres y de mujeres que, siendo como cualquier otro, muestran el camino de la comunión con Dios.

La estructura administrativa actual de la Iglesia Ortodoxa sigue siendo descentralizada. Existen más de quince Iglesias Autocéfalas o Autónomas, según se desprende del listado expuesto en el párrafo dedicado a la historia de la Iglesia. Aún cuando algunas Iglesias están delimitadas por fronteras nacionales, canónicamente sus límites no son nacionales sino territoriales. Las relaciones entre estas Iglesias son regidas por la precedencia en los honores. El primer lugar le corresponde al Patriarca Ecuménico de Constantinopla que conserva el privilegio de iniciativa para promover cualquier asunto de interés común.

8.1. LAS IGLESIAS ORTODOXAS EN LA ARGENTINA.

En los países nuevos subsiste una irregularidad canónica de superposición de jurisdicciones eclesiásticas que obedece a la realidad histórica de la inmigración. Los inmigrantes llegaron aquí y trajeron consigo a sus clérigos para satisfacer sus necesidades espirituales. La lengua empleada por cada Iglesia en la liturgia fue el factor desencadenante para la conformación de este fenómeno. Existiendo además una comunión eucarística plena entre las Iglesias Ortodoxas, los inmigrantes no dudaron en utilizar los servicios de Iglesias hermanas cuando no les quedaba otra alternativa. Pero sin duda pusieron todo su empeño para contar con los servicios de la Iglesia de su lugar de origen.
En la Argentina existen tres Iglesias Ortodoxas que satisfacen las necesidades de los inmigrantes provenientes de sus respectivos países de origen.

8.1.1. La Iglesia Ortodoxa Griega.

La Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica es provincia eclesiástica del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. El Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires es miembro del Sínodo de Metropolitanos de la Sede Ecuménica que preside Su Suma Santidad el Arzobispo de Constantinopla, Nueva Roma y Patriarca Ecuménico.
No disponemos de datos precisos acerca de la fecha en que se estableció la Iglesia Ortodoxa Griega en Argentina. Sabemos que los inmigrantes griegos de la localidad de Berisso (Provincia de Buenos Aires) contaban desde el año 1905 con los servicios de un Sacerdote traído de Grecia. En ese mismo año se inauguró la primera Iglesia Griega en la localidad de Florianópolis (SC Brasil) dedicada a San Nicolás. En 1907 un Sacerdote griego estableció una Capilla en la Galería Pacífico de la Ciudad de Buenos Aires. Más tarde se establecen sucesivamente dos Capillas más en Buenos Aires, en los barrios de Palermo y Villa Crespo, bajo la dirección de Sacerdotes griegos, hasta que a partir de 1926 se construyen, sucesivamente, la Catedral de la Dormición de la Virgen en la calle Julián Álvarez 1030 del barrio de Villa Crespo, la Iglesia de San Nicolás en la Av. Intendente Rabanal (ex Coronel Roca) 1418 del barrio de Pompeya, la Iglesia de San Miguel Arcángel en la localidad de Remedios de Escalada, Lanús, y la Iglesia de los Santos Constantino y Elena de Berisso. En años más recientes se estableció una Capilla dedicada a San Nicolás en Rosario (Provincia de Santa Fe) y se construyeron: la Capilla de San Eleuterio en la sede del Obispado, la Iglesia de San Juan Precursor en Córdoba (Provincia de Córdoba), la Iglesia de San Nicolás en Comodoro Rivadavia (Provincia del Chubut), la Iglesia de San Jorge en Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires ), la Capilla de San Spiridon en San Miguel (Provincia de Buenos Aires), la Capilla de San Nectario en Esteban Echevarría (Provincia de Buenos Aires) y la Iglesia del Espíritu Santo en Olivos, Provincia de Buenos Aires.

RELACIONES ECUMÉNICAS
El Patriarcado Ecuménico de Constantinopla es miembro activo del Consejo Mundial de Iglesias y mantiene diálogos bilaterales con varias Iglesias. La Arquidiócesis de Buenos Aires es miembro fundador del Consejo Ecuménico de Iglesias Cristianas de la Argentina (CEICA).

ORGANISMOS DEPENDIENTES
En la jurisdicción de la Arquidiócesis de Buenos Aires y Sudamérica hay: 17 escuelas idiomáticas, 4 jardines preescolares, 4 escuelas incorporadas bilingües, 2 escuelas secundarias bilingües (una de ellas en Buenos Aires), un profesorado terciario (en Buenos Aires) y 3 hogares para ancianos. En cada comunidad hay una comisión de damas y una comisión de jóvenes. En la mayoría de las comunidades hay también otras comisiones de deportes, de caridad, de cultura, de turismo, de fiestas y festivales etc.

ESTADÍSTICAS
En la Capital Federal y el Gran Buenos Aires hay cinco comunidades. En el interior hay comunidades en: Córdoba, Rosario, Mendoza, Salta, Chaco, Mar del Plata, Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Campana, Zárate y Paraná.
En toda la Arquidiócesis hay 37 comunidades, un obispo, 22 sacerdotes, 3 monjes y más de 200.000 fieles de los cuales aproximadamente 70.000 viven en Argentina.

EL IDIOMA
La lengua más utilizada en el culto es el griego clásico. En algunas comunidades se utiliza también el castellano o el portugués. Se está trabajando en la traducción de los textos litúrgicos al castellano.

8.1.2. La Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Antioquia

La vitalidad evangelizadora de Antioquia iluminó a Oriente y Occidente. Creó una gran Escuela de Teología y generó hombres y mujeres que, con su testimonio y santidad de vida, con su fe y su amor a Jesucristo, fueron verdaderos fermentos de la nueva vida que aportó la Encarnación.
Junto a San Ignacio tenemos a San Efrén el Sirio, a San Juan Crisóstomo, Santa Tecla, San Simeón el Estilita, San Romanós Melodós, Santa Marina, San Juan Damasceno, los Santos Cosme y Damián, etc.
Toda esa fuerza original de Antioquía se fue luego debilitando sobre todo por la invasión del Islam que la ocupó alrededor del año 638 al igual que ocupó Jerusalén y Alejandría. Más tarde aún, con la caída bajo el yugo de los turcos, la Iglesia de Antioquía quedo reducida al desamparo y la dependencia total. En el siglo XVI el Patriarcado se vio obligado a trasladar su sede a la capital de Siria, Damasco donde permanece hasta hoy.
Hacia fines del siglo XVII la iglesia de Antioquía fue nuevamente debilitada por la acción de misioneros occidentales, primero latinos y luego protestantes. Pero durante el siglo XX dio comienzo un importante resurgimiento espiritual y teológico. Quizás el factor más importante de esa renovación fue la fundación de un importante movimiento de jóvenes universitarios, centrado en la mejor tradición de la Iglesia de Antioquía.
Estos jóvenes se ocuparon de la predicación, crearon escuelas, publicaron una excelente revista en árabe: "An Nour" (La Luz), fundaron comunidades monásticas para ambos sexos, como el convento de Mar Yacub y el monasterio de Deir El Harf y abrieron nuevos cuadros clericales para la Iglesia.
En 1970 se fundó el monasterio del Balamand, en el Monte Líbano y el Seminario e Instituto de Teología San Juan Damasceno que en 1991 fue convertido en Universidad.
El Patriarcado de Antioquía está regido por un Sínodo de Metropolitanos presidido por el Patriarca. El actual Patriarca es Su Beatitud Ignacio IV, elegido para el cargo en 1979. Cuenta con diez Arquidiócesis Metropolitanas en Oriente Medio (es la mayor comunidad cristiana de lengua árabe) y con las siguientes Arquidiócesis: una en Europa, una en Australia y seis en América: Argentina, Chile, dos en Brasil, Méjico y Estados Unidos de América. En el ámbito mundial cuenta con doce millones de fieles, la mayoría de los cuales vive en el continente americano.
La Arquidiócesis en Argentina está regida por un Consejo Central integrado por Párrocos y delegados laicos de los Consejos Parroquiales presidido por el Obispo titular de la Arquidiócesis.
Cada Parroquia está regida por un Consejo Parroquial presidido por el Párroco.

ORGANISMOS DEPENDIENTES.
Posee escuelas de nivel preescolar, primario y secundario. En Junín (Provincia de Buenos Aires) tiene un Hogar Escuela. En San Fernando (Provincia de Buenos Aires) desarrolla un trabajo con 120 niños indigentes y en Tucumán tiene una fundación que también atiende a niños.

RELACIONES ECUMÉNICAS
El Patriarcado de Antioquía es miembro activo del Consejo Mundial de Iglesias (el Patriarca Ignacio IV fue uno de los co-presidentes en el período 1983-1991). En el ámbito local, la Arquidiócesis del Patriarcado de Antioquía en Argentina es miembro fundador del CEICA. En Córdoba integra el Centro Ecuménico Cristiano. Realiza trabajos ecuménicos en distintas Parroquias, en el interior del país y en la Capital Federal e integra varias comisiones bilaterales.

ESTADÍSTICAS.
El número aproximado de fíeles en esta Arquidiócesis es de un millón (la colectividad sirio-libanesa es mucho mayor). El número de practicantes es menor. Hay un Obispo, quince sacerdotes y dos diáconos.

IDIOMA
En el culto se utilizan el árabe, el griego y el castellano en un porcentaje importante. Se está trabajando en la traducción al castellano de los libros litúrgicos del griego y del árabe.

8.1.3. La Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriacado de Moscú
El cristianismo se abre paso en Rusia con el bautismo de la princesa (Santa) Olga en el año 955. Pero el acontecimiento decisivo fue el bautismo de su nieto el príncipe de Kiev (San) Vladimir y de una masa importante del pueblo ruso acaecido en el año 988. A continuación el príncipe Vladimir se casó con la princesa Ana, destacada personalidad bizantina. A partir de entonces el cristianismo se convirtió en la religión oficial del estado. La sede del Metropolitano Primado, que dependía del Patriarcado de Constantinopla, fue Kiev hasta que fue trasladada a Moscú. En el año 1589 la Iglesia de Rusia fue elevada al rango de Patriarcado, obteniendo así su autocefalía y ocupando el quinto lugar en la precedencia de los honores. El zar Pedro el Grande suprimió en 1721 el cargo patriarcal que fue restaurado en 1917 con la desaparición del régimen monárquico.
Paralelamente veinte obispos que escaparon del régimen comunista, organizaron en 1920 la Iglesia Rusa de la Inmigración que tuvo su sede inicialmente en Karlovtsy de Yugoslavia. Después de la II Guerra Mundial se trasladó a Munich y a partir de 1950 a Mahopac de Nueva York de los Estados Unidos de América.
La primera Iglesia Rusa en América Latina fue construida frente al Parque Lezama de la ciudad de Buenos Aires. Este templo fue consagrado a la Santísima Trinidad en el año 1902 en presencia del Presidente de la Nación Julio A. Roca y autoridades diplomáticas rusas. Después de 1917 pasó a depender de la llamada Iglesia Rusa de la Inmigración. Más tarde se construyeron más templos pertenecientes a esta Iglesia en Temperley, Quilmes, Ituzaingó, en el barrio capitalino de Núñez, en Villa Diamante (Lanús), etc.
A partir del año 1964 se instaló en Argentina un Obispo perteneciente a jurisdicción del Patriarcado de Moscú. Su actual obispo es Mñor. Platón Obispo de Argentina y Sudamérica. Actualmente tiene un templo en la ciudad de Buenos Aires: la Catedral de la Anunciación de la Virgen, en la calle Bulnes 1743, (C.P. 1425), dos templos en la Provincia de Buenos Aires: la Iglesia de los Santos Iluminados de la Tierra Rusa en Villa Caraza, Lanús; y la Iglesia de San Job en la ciudad de San Martín; y cinco templos en la Provincia de Misiones, el principal de los cuales se encuentra en Oberá.

ESTADÍSTICAS.
En Argentina hay un gran número de ortodoxos rusos. La mayoría de ellos asisten a las Iglesias pertenecientes a la Iglesia Rusa de la Inmigración. Un número aproximado de dos mil fieles asisten a las Iglesias dependientes de la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú.
Esta diócesis cuenta con los servicios de cinco sacerdotes en todo el territorio argentino. No tiene organismos dependientes dado el reducido número de su grey. Tampoco cuenta con publicaciones propias.
En el ámbito mundial la Iglesia Ortodoxa Rusa cuenta con .más de ciento diez millones de fieles, el 90% de los cuales viven en la comunidad de Estados Independientes (ex Unión Soviética).

RELACIONES ECUMÉNICAS.
El Patriarcado de Moscú es miembro activo del Consejo Mundial de Iglesias. En el ámbito local la Diócesis Argentina del Patriarcado de Moscú es miembro fundador del CEICA.

IDIOMA.
El idioma utilizado en la liturgia es el viejo eslavo, que también usan serbios y búlgaros, y el castellano.

 

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