Mensajes del Arzobispo - Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica

REFLEXIÓN DE S.E.R MONSEÑOR TARASIOS
EN OCASIÓN DE LA PLEGARIA REALIZADA POR LAS VICTIMAS DEL TERREMOTO EN CHILE
“Líbranos del grave sismo a todos nosotros, y no permitas sea exterminada tu herencia completamente, pues con...


...muchos males te hemos irritado, oh Señor.”



En verdad, la realidad que Chile ha vivido puede interpretarse de varias maneras: desde la precisión de la ciencia hasta la profundidad de la fe. A nosotros nos toca interpretarlo desde esta última, y es por ello que debemos expresar que nos encontramos ante un misterio que nos es difícil comprender si nos lo planteamos desde el interrogante de porqué Dios permite una catástrofe de semejantes magnitudes.

El interrogante sin duda, profundo en cuanto existencial, permanece en nuestra alma y en nuestra razón, y es por ello que en el marco de la fe encontramos una respuesta para ello, que aunque provisoria, calma nuestra mente y sus logismos, y nos eleva el pensamiento con la seguridad que nos concede la misma voz del salmista cuando precisa que “clemente y compasivo es el Señor, tardo para la ira y lleno de amor; no se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme nuestras culpas.”

Hoy elevamos nuestros espíritus y nuestras mentes al Creador de todo y pedimos sus ricas misericordias sean derramadas sobre todas las víctimas del terrible sismo acaecido en Chile días atrás. Le pedimos asimismo consuelo y resignación para los familiares de los desaparecidos y dormidos en el Señor como así también su eterno descanso en la región de los vivos, allá donde resplandece la luz de su Rostro.

Le pedimos iluminación para las autoridades civiles a fin puedan liderar a todo el pueblo de la mejor manera en estos momentos de desesperación, necesidad y urgencia, con la necesaria cordura, serenidad, paciencia, eficacia, prestancia y comprensión.

Le pedimos su paz para que sea derramada para todo su pueblo chileno que ha sido probado, a fin de que pueda pasar esta terrible tentación con resignación, calma, comprensión, solidaridad los unos con los otros, respeto mutuo, concordia, y por sobre todas las cosas amor, mucho amor.

Creemos que lo único que puede calmar el dolor de estos momentos y ayudar de manera eficaz a todos es el sentimiento de aceptación de la voluntad de Dios y el sentimiento más sincero de amor de los unos hacia los otros. Este es el motor de toda reconstrucción material y moral en estos casos.

Apelamos, pues, a vuestro amor. Apelamos a vuestra sensibilidad. Apelamos a vuestro justo y lógico juicio. Nosotros desde aquí los acompañamos espiritualmente y cuando nos sea permitido por las condiciones reinantes, también de manera material. Sufrimos con todos vosotros, así como sufre el padre las vicisitudes que viven sus hijos. Pero les pedimos paz, tranquilidad y aceptación.

Les pedimos que aún sumidos en el dolor y la desgracia no dejen de elevar sus ojos al cielo aún con profundos interrogantes en la mente y en el alma, aún con el rostro ungido con lágrimas, aún con las heridas abiertas, con hambre y sed latentes, aún con la memoria de la tragedia en cada célula de vuestra existencia.

No pierdan la fe, no abandonen a vuestro Dios, pues Él aún en estas circunstancias por Él permitidas, está con vosotros. Sí, Dios está en medio vuestro! ¿Dónde lo encontrarán? En cada hermano que ha perdido sus pertenencias o su ser querido, en aquel prójimo que está magullado por los golpes de la sacudida, en aquel conciudadano que aún llora por la desesperación y la impotencia, en todos ellos, sí, en cada uno de ellos se esconde Dios y sufre con vosotros.

No dejen de elevar sus ojos al cielo, pero sepan que Dios también está a su alrededor. Eleven su semblante al cielo y pidan misericordia, pero también miren a su alrededor y cooperen con aquel Dios que se hace ver en la dificultad y en la desgracia, ayúdenlo a ayudarlos, asistanlo y háganse parte de su obra.


Juán el Evangelista describe a Dios como “Amor” : Dios es un Padre amoroso y misericordioso, ¿cómo podría querer el mal de sus hijos? Debemos salir de este atolladero de interrogantes que pueden envenenar nuestra alma. Debemos ser fuertes en nuestra fe y seguir adelante con la convicción de que “Dios está con nosotros” a pesar de todo. Dios está a nuestro lado y nos ayuda en estos momentos desgraciados. Nuestros interrogantes serán respondidos con el paso del tiempo si permanecemos incólumes en la fe, la esperanza y el amor.
Queridos en el Señor,

Nuestro pensamiento todo está con el pueblo Chileno; nuestra mente permanece espiritualmente en el lugar de la catástrofe y nuestra oración es ofrecida fervientemente hacia el Creador y su santa Madre conjuntamente con el himnógrafo que clama:

“Conociéndote, oh Soberana, como templo de Dios, en el santo templo nuestras temblorosas manos elevamos como plegaria: contempla, pues, nuestra desgracia y concedenos ayuda”.

Con estas breves reflexiones encomendamos a todo el pueblo Chileno a la divina misericordia, invocamos sobre él ricas las misericordias del Salvador Cristo, y le extendemos nuestra bendición apostólica.


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